Casi como una continuación de la colección que presentó en New York para la casa que lleva su nombre, Marc Jacobs trajo una colección fresca, novedosa y simplemente diferente para que Louis Vuitton cierre Paris Fashion Week con todo.

No podría ser de otra forma, Louis Vuitton nos tiene acostumbrados a escenografías espectaculares (calesitas, trenes… ) y este año fueron 4 escaleras mecánicas gigantescas que ocuparon el centro del desfile y por donde entraron las modelos. La temática se mantiene: Op Art, Mod, y una fuerte influencia gráfica, inspirada en el trabajo de , en una pasarela a cuadros, casi como un tablero de ajedrez, casi una referencia literal de la histórica estampa a cuadros y monogramas que acompaña a la casa hace casi dos siglos.

Vestidas de negro, blanco, marrón, beige y amarillo furioso las modelos bajaron de a dos a la pasarela, con la continuidad de los cuadros como una constante. Faldas tubo, maxi faldas y ese corte a la cintura que ya viene pegando fuerte en las pasarelas internacionales acompañadas por cropped tops y chaquetas con mangas 3/4.

Hasta los motivos florales estuvieron hechos a partir de pequeños cuadrados de lentejuelas, cerrando una colección tan simple, con una vibra tan sesentosa, que la casa no tuvo siquiera que valerse del Monogram para hacerla propia.

Siempre con una propuesta diferente, un cambio de rumbo, Marc Jacobs nos deja queriendo más.

 

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