“Polémica” palabra de cabecera que definió a Saint Laurent Paris (ex Yves Saint Laurent) este último año, y porqué no durante toda su historia. Gigantes directores creativos pasaron por la casa francesa en su historia, desde su fundador, Yves Saint Laurent, pasando por Alber Elbaz, actualmente en Lanvin; Tom Ford, que tras una separación por grandes conflictos con los fundadores se concentró con múcho éxito en su propia marca; y Stefano Pilati, actualmente jefe de diseño en Ermeneguildo Zegna.

La partida de Pilati, entre llantos, rumores, acusaciones de despido por no seguir los códigos de la casa y ovaciones de pie por la mismísima Anna Wintour hace solo unos meses trajo cambios radicales para la marca. Hedi Slimane, proveniente de Dior, se hizo cargo de YSL y desde el principio empezó a pisar fuerte con sus decisiones, tal vez con la intención, de entrada, de no ser menos que sus predecesores.

El cambio de marca fue el principio de una suma de expectativas que fueron acumulándose hasta ayer, el momento de la verdad, en el que todos los ojos del mundo de la moda se clavaron en la suave pasarela gris, en contrapunto con una front row on fire: Anna Wintour, Kate Moss, Alexander Wang, Marc Jacobs, Alber Elbaz y Riccardo Tisci entre tantos otros, un jurado como ninguno.

Y que forma de cumplir con las expectativas. Con una colección con toques de Stevie Nicks, constantes referencias a los estilos icónicos de YSL, y evidentes influencias de su nuevo hogar en California, Slimane modernizó a una marca que lo tiene todo en un desfile que es la definición de diccionario de lo Boho-Chic, con mucho rock & roll.

Capas, interminables capas, moños, sombreros, flecos y transparencias reinaron en la pasarela de Saint Laurent Paris (¿SLP? ¿SL? todavía no tiene la onda de YSL…) con una paleta que arrancó monocroma y terminó explotando en color. No faltaron los ajustados trajes, icónicos tanto por la marca como por el diseñador, esos por los que el mismísimo Karl Lagerfeld admitió haber bajado de peso a principios del 2001.

Las críticas fueron mixtas. Franca Sozzani, la editora de Vogue Italia, afirmó que el desfile fue “característico de Saint Laurent, y si amaste a Saint Laurent, no podés no haber amado [a la colección]“. Pero los críticos detrás de WWD fueron implacables al evaluar la presentación como “una comparsa de disfraces”, poniendo en duda las capacidades creativas del nuevo diseñador. Nosotros le damos la derecha a Alber Elbaz, que supo dirigir la casa con excelencia, y afirmó “fue muy Hedi, y muy Saint Laurent”

 

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