Las obras de Alejandro Sordi emanan un especial tenor latinoamericano. Surrealistas y fantasiosos, sus dibujos resultan luego de años de búsqueda. Ex alumno de la escuela secundaria Fernando Fader, aprendió a dibujar y pintar en clases completamente dedicadas al  modelo vivo. Esa experiencia, se suma al libro de Loomis que le regaló su abuela cuando era niño. Así es como Alejandro aprendió jugando y hoy continúa con esa filosofía.

 

1) ¿En qué momento descubriste el estilo que te caracteriza?

Empecé a trabajar en esto desde chico, dibujo desde que tengo memoria. Hubo un día en que Dragon Ball, Robotech y Mazinger, se encontraron con Dalí, el renacimiento y Giger. Siempre busqué una identidad para no parecerme a ninguno de todos ellos. Disfruto de plantear escenas que inviten a viajar dentro de ellas. Eso se va construyendo en la constancia de dibujar y dibujar, de probar y probar. Hasta que un día te sentís cómodo con el trabajo que estás haciendo porque lo sentís incorporado y tiene amor. Me gusta transmitir mensajes de libre interpretación que funcionen en cualquier idioma.

2) ¿Cuál es el motivador más fuerte en la creación de las fantasías de tus trabajos?

Cada obra tiene su carácter. Puedo pensar mucho una idea, pero también hay veces en que se desarrollan solas al ir resolviendo la composición, sobre todo cuando los colores dialogan entre sí o las figuras “te piden” que les des un receptor de algo que está sucediendo. De cualquier modo, nunca queda como te lo imaginaste desde un principio. Eso es lo más lindo, que siempre te sorprendan.

3) ¿De qué depende que apliques la técnica manual o digital en tus obras?

El digital es solo un soporte más. Muchas veces comienzo bocetando desde cero en la Tablet. Pero casi siempre sigo el mismo proceso que con la pintura, sólo que sin destapar potes ni te mancharme. Mezclar pintura y entender cómo encontrar los colores que busco, también me ayudó a ubicarme digitalmente. Creo que la digitalización le aportó muchas cosas al mundo de la pintura, y funciona con toda la variedad de soportes. Se entrecruzan.

4) Realizaste varios trabajos a dúo con Paula Duró. ¿Cómo es trabajar con alguien que tiene un estilo tan similar al tuyo?

Fue algo que salió sin pensar. Empezamos jugando en el taller de Paula cuando yo pasaba por ahí. Cada vez que la iba a visitar, garabateábamos  en simultáneo o por turnos. Siempre había hojas y lápices de colores. Uno o dos  años más tarde, nos encontramos pintando seriamente mezclando procesos creativos sobre tela. Básicamente, es como tener una banda ¡pero de pintar! Ahora estamos desarrollando arquitecturas de fantasía, tenemos el sueño de diseñar una casita bien geométrica y habitable para pintarla completamente con nuestro estilo.

5) ¿Qué expectativas tenías sobre el camino como artista en los comienzos de tu carrera?

La expectativa más grande cuando recién empezás, tiene que ver con vender un cuadro, y después te preguntás si podes vivir de eso. En ese trayecto atravesás galerías, concursos, trabajos realizados “de onda” y publicidad, entre otras cosas. Un día, luego de muchos empujones y nervios, empecé a dar clases y comencé a aprender a transmitir lo que sabía. Inicialmente fue todo bastante “a lo bruto” y con muchas señas. Hoy en día ya no tengo expectativas. Cada día me sorprende y puedo disfrutarlo como lo siento. Creo que las cosas que llegan, son las que tienen que llegar.

 

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