Diseñador gráfico e ilustrador, Cristian Turdera pone a dialogar sus dos oficios en un sinfín de universos. Mira desde su mundo pero cuenta inocencia y juego… desde publicidades hasta libros infantiles, despliega una poesía a través de cada uno de sus personajes. Aunque no cree en paletas o formas definitivas, es difícil no detectar su identidad en cada dibujo. Con un gran respeto por la mirada infantil, sus obras se pueden observar desde múltiples perspectivas y cada uno elige cuál.

¿Hubo algún disparador que te llevó a trabajar sobre el imaginario infantil?

Disfruto mucho de todas las versiones que se despliegan de mi oficio. Mi espacio de diversión está en buscar soluciones narrativas utilizando ideas como herramientas y el resultado es siempre gratificante. Cuando te mandan una caja de libros impresos a tu casa o cuando me cruzo con alguno de mis personajes en un formato de tres metros de altura en un cartel. Existe algo mágico entre la intimidad del proceso y lo público de la exhibición de un dibujo. Siempre me sorprende y creo que aún no me acostumbro a eso. Es una grata coincidencia que mi trabajo se relacione con los más chicos y su percepción, sus emociones o, mejor todavía, con el compromiso que tienen con su fantasía.

Tanto tus ilustraciones como diseños tienen cierta idea de “la redondez”. ¿Existen características o conceptos que expresen el concepto de lo infantil?

Si lo redondo es infantil, ¿lo cuadrado es quizá adolescente y lo triangular adulto? No. Me niego a eso. No entiendo los sistemas de formas ni colores como modos de representación que puedan atribuirse livianamente a un ser humano más pequeño o más adulto. Esas son cuestiones de mercado que se imponen para segmentar de alguna manera los gustos de las personas. Las ideas, las formas y los colores son percibidas de diferente manera por cada observador y esa diversidad es fantástica.

Dibujaste para el libro de “El Topo Ilustrado”. ¿Cómo se trabaja a dúo cuando hay una literatura tan poética en juego?

Por momentos parece que nos hubiéramos puesto de acuerdo sobre qué escribir y qué dibujar. Pero lo cierto es que Tobías Schleider escribe y selecciona los textos sin hacerlo en función del dibujo posible. Mi intención como ilustrador es ver con mis ojos, no lo que el escritor quiere mostrar. Ni uno objeta lo que el otro propone o interpreta. La selección de los textos fue hecha por Tobías en función del gusto y la plataforma. Elegimos desarrollar la primera parte del proyecto vía Twitter por muchas razones que se resumen en una frase del filósofo Emmanuel Taub: “Twitter reconstruye un lenguaje que permite una renovación de la expresión poética, sobre la base de lo inmediato y conciso”. Esta concisión implica que las ideas deban traducirse a 140 caracteres. Si con “El Topo” incluíamos una imagen, esa cantidad se reducía a 117 caracteres.

¿Cómo fue trabajar para Karamelo Santo?

Súper interesante, fue un verdadero desafío. Generar una imagen para representar a un grupo de personas siempre es complejo, pero lo disfruté muchísimo. Para mí la música es magia. Que una persona pueda modificar la atmósfera de un espacio solamente con su voz o un instrumento, me parece de las cosas más extrañas y geniales que pueden ocurrir. Gracias a los músicos podemos vivir esa experiencia como algo cotidiano, tienen superpoderes.

¿Qué inquietudes tiene hoy a Cristian Turdera?

Como diseñador gráfico ilustro, y como ilustrador intento generar sistemas gráficos con una forma y color que estén totalmente ligados al diseño. La línea que delimita el terreno entre ambas disciplinas es delgada, y por momentos se me presenta difusa. Creo en la idea como eje central. Probablemente pase más tiempo pensando una solución a un  problema narrativo que dibujando. Trato de contar una pequeña historia y, paradójicamente, espero que mis imágenes estén más cerca de confundir que de aclarar, de generar una pregunta y no dar una respuesta. Intento crear una determinada morfología como disparador de una metáfora.

#MeGusta  Es imposible mencionar sólo algunos. Mis alumnos por ejemplo, con mayor o menor experiencia, producen cosas increíbles. Mis colegas no dejan de asombrarme. La historia del arte, los dibujos de los niños, la camada de nuevos ilustradores. No puedo reducirlo a un puñado de nombres, sepan disculpar.

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