Minimalista, simple y tierna, Florencia Huerga es, a primera vista, “la chica de las golosinas”. Pero, una vez que nos adentramos en el mundo del trazo ultra fino y sus delicadas acuarelas, descubrimos que hay un trabajo artístico más profundo que el simple hecho de copiar envoltorios. Flor es una ilustradora que investiga su entorno, encuentra nuevos desafíos en lugares maravillosos y a la vez crea mundos diferentes sobre la cotidianeidad más simple. Los invitamos a pasear por sus líneas, sus flores y su dulzura.

¿Qué creés que fue un gran aprendizaje en lo que va de tu carrera?

Dibujo desde muy chica. Estudié licenciatura en artes con especialización en grabado porque siempre supe que quería hacer algo relacionado con arte. Pero recién tuve cierta certeza de qué deseaba realmente cuando dejé la facultad. Para algunas personas es muy tranquilizador estar abrazado y certificado por una institución. Pero en mi caso, llegó un punto en el que me encontré cursando miles de materias de relleno cuando, en realidad, lo único que apaciguaba mi mente era sentarme y dibujar tranquila sin prejuicios.

¿Cómo surge la idea de ilustrar envoltorios de golosinas?

Un día estaba coloreando el brazo de un amigo con marcadores y, casi sin pensarlo, le dibujé el famoso Paragüitas de chocolate, un Sugus de menta, un PushPo y algunas golosinas más. Ese día me di cuenta que recordaba todos los envoltorios. Dibujo golosinas porque es divertido, puedo pasarme horas con los detalles chiquitos. Me obsesiona que los colores sean los mismos, y que las tipografías y los textos estén correctos. La primera serie de este tema fue una guía de 49 golosinas en miniatura. Y las elijo, no sólo por su packaging, sino también por los recuerdos que pueden traer. Muchas golosinas ya no existen o no se venden más en Argentina. Es muy lindo ver las expresiones de las personas cuando miran mis dibujos, a veces se ríen y siempre hay un dejo de nostalgia. Disfruto especialmente las que tienen ilustraciones o tienen forma de latas. Cuanto más detalladas sean mejor.

Además de las golosinas, también retratás personas a las que les nacen plantas y flores de la cabeza. ¿Qué querés transmitir con ese surrealismo?

Puedo dibujar muchas temáticas pero siempre vuelvo a la misma: las plantas. Son increíbles, crecen en cualquier contexto, en silencio, y tienen una geometría genial. Me divierte dibujar plantas carnívoras o mujeres mutantes. Un día, mientras dibujaba a una abuela que estaba en un sillón mirando televisión con el control remoto en la mano, pensé: “parece estar vegetando”. Y ahí no me quedó otra opción que dibujarle unas plantas saliendo de la cabeza.

¿Cómo nace la inspiración de las situaciones en las que dibujás a tus personajes?

Me gusta retratar a mis amigas. Pero también me inspiran las películas. A veces mientras estoy viendo alguna, pongo pausa en una escena que me atrae y dibujo el frame o lo anoto para recordar la imagen. Tengo una serie de ocho cortes de Slacker, una película de Richard Linklater, por ejemplo. Lo hago para practicar, a modo de croquis, y después los paso a tinta. También me entretienen los alimentos, los vegetales o las pastas. Me gusta imaginar que escapan de las cocinas en busca de libertad, o que tienen pesadillas en las que son devorados por un comensal. Una vez hice una agrupación de ravioles liderada y preparada para batallar, al estilo Mel Gibson en Corazón Valiente, para no terminar en la olla de agua hirviendo.

¿Cómo definirías a Flor Huerga?

Un amigo me dijo que a él le gusta cocinar porque es una forma rápida de desear algo, y poder materializarlo y disfrutarlo en muy poco tiempo. Supongo que me definiría a mí misma, como una chica un tanto obsesiva, a la que la hace muy feliz dibujar por un motivo bastante similar. Una cosa es tener ideas, y otra es verlas dibujadas en mi propio lenguaje 2D.

 

 

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