Aunque vive en México, las obras de Franco Fasoli son una marca registrada argentina. La lucha de sus tigres es una identidad mural de las calles porteñas y, si alguna vez te detuviste a mirarlos, no hay chance de que olvides su impronta. Hoy se la jugó y, luego de una última serie de collages planos y plenos, se abocó de lleno a la escultura y deslumbró. No sorprende pero asombra, seduce e impresiona su capacidad de materializar los cuerpos, la fuerza y la potencia de los enfrentamientos. Nuestras cinco preguntas al nuevo Fasoli (JAZ).

 

Tus últimas esculturas manifiestan un trabajo corporal y una potencia diferentes de las que había en tus collages. ¿Qué búsquedas te llevaron a estos trabajos?

Mi formación en cerámica se dió desde muy pequeño pero lo fui dejando pasar con los años. En el último año mi necesidad de volver fue bastante fuerte y puse todo de mí para que eso suceda. Me interesaba mucho poder trabajar en equipo, con otras personas, y que el desarrollo de la obra tuviera otras etapas y tiempos. Creo que las tensiones y las fuerzas pueden resaltarse de otra manera en la escultura. Pero también me resulta interesante trabajar con la idea de lo efímero y lo perdurable desde la consistencia misma del material.

¿Por qué -tanto en tus esculturas como otras obras- no hay rostros ni cabezas?

Eso fue algo que comencé a hacer cuando me propuse trabajar sobre el concepto de enfrentamientos, sobre todo los vinculados con folcklore popular del fútbol y sus hinchas. Al principio esas figuras aparecían censuradas, y luego fueron perdiendo identidades definidas para pasar a representar a una masa. Luego, el tema pasó a la instancia de los enfrentamientos latinoamericanos, donde la identidad regional se fusionó en un todo indefinible. Por eso, cada vez que trabajo sobre algún rostro, tiene que ser un rostro determinado, alguien reconocible en quién quiera hacer énfasis.

¿Por qué tigres?

Los felinos aparecieron cuando comencé a trabajar en referencia a las Tigradas Mexicanas. Es el momento en que los pueblos celebran el comienzo de la época fértil. Realizan un ritual de luchas disfrazados de jaguares y bailan. Luego, mis referencias a animales fueron adaptándose y cambiando según el sentido de la obra. Sobre todo de los murales en los que, por evitar las referencias directas, terminé trabajando mucho con animales.

¿Qué te llevó a trabajar el concepto de enfrentamiento?

Siento que en estos últimos años cambió mucho mi perspectiva sobre el tema. Al principio me trabajé en dirección a ciertas costumbres populares de enfrentamiento directo. Luego, me volqué a la simetría y mi interpretación de la identidad en diferentes temas y regiones. Hoy sigo indagando sobre esta identidad, pero de manera más personal. La experiencia de viajar por diferentes ciudades fueron inspiración para muchos trabajos. Y retratar ese lado B de mis viajes inmersos en la comunidad artística, también me hizo reflexionar sobre mi perfil de artista y mi lugar en el arte urbano en particular, y en el arte argentino en general. Hoy ya no pienso en la identidad como esa búsqueda la eterna de un por qué del ser.

Luego de una vasta exploración de texturas y materialidades, ¿qué deseos, objetivos o sueños te motivan para los próximos trabajos?

La variedad de lenguajes es algo que siempre me interesó. Me siento cómodo en esa búsqueda, como también en la posibilidad de moverme entre diferentes formatos y el trabajo sobre el cuerpo. Hoy reafirmo la necesidad de que parte del trabajo pase por mí. Aunque me gusta trabajar con un equipo, es parte de una pulsión personal enorme. La calle y los murales son solo una parte de todo lo que me interesa explorar. Creo que hoy me encuentro en un momento de inflexión en el que necesito moverme entre diferentes formatos y circuitos. Siempre estoy en ese limbo en que lo público y lo privado se mezclan y se potencian. Por eso, me siguen interesando mucho la autogestión, los proyectos independientes y el trabajo institucional. Creo que, siendo consciente de las dificultades y desafíos, es un momento hermoso para deambular entre ambos mundos. Creo que mi lugar está en generar puentes entre esos u otros mundos. Quiero seguir por ahí.

#MeGustaMeInspira Conor Harrington, Axel Void, Todd James, Nina Chanel, Kerry James Marshall, Jenny Saville, Michaël Borremans, Folker de Jong, Adrián Villar Rojas, Santiago Sierra y Carlos Huffman.

 

Anterior post

Los gatos del subte de Londres

Siguiente post

Drone Surfing

Let Abramec

Sin Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.