Sus colores transportan a la textura de un helado de frutilla y tienen aroma de jazmín. La obra de Gabi Regina tiene simpleza fascinante. Ella dice que todo comenzó cuando era pequeña y le regalaron un conejo. Más allá del guiño narrativo, sus ilustraciones cuentan algo similar. Ella dibuja historias infantiles para diferentes editoriales y, sin dudas, invita a imaginar mil mundos. Le hicimos nuestras habituales cinco preguntas, y volamos a nuestra infancia en un segundo.

Aunque sabemos que las disciplinas siempre se retroalimentan, ¿en qué momento de tu carrera como diseñadora gráfica comenzaste a descubrir tus deseos como artista?

Para mí no era una cosa o la otra. Sin hacer pie y siempre saltando, juego con las dos disciplinas. Son modos de pensar diferentes y, dependiendo del proyecto y el discurso que requiera, activo una u otra forma. Esto llevo a que los trabajos sean más plásticos. Un día me compre acuarelas, y de forma autodidacta descubrí una herramienta que me invitaba a explorar. Cuando pensás que vas a dibujar un animalito, el agua y el papel te presentan otro escenario y te obligan a cambiar el rumbo. Me fascina salir de lo proyectual y dejarme seducir por el error. Cuando veo la hoja en blanco, pienso: “¿Quién quiere salir a escena?”.

En tus dibujos prima el color rosa y los pasteles. ¿Qué intenta transmitir esa paleta?

Es una gama que me encanta. Pero mi desafío es jugar siempre con los mismos colores, y aprender a crear sensaciones diferentes con pocos colores. Mi paleta es un experimento morfológico,  es un juego que hago para mí.

Realizaste las ilustraciones de un libro de “El mago de Oz”. ¿Cómo fue la experiencia de trabajar sobre este clásico mundial de la literatura infantil?

Lo interesante de dibujar un clásico, es tener toda la libertad de crear la ilustración porque te respalda el relato. El desafío es proponer algo nuevo, dejar una huella personal. Fue una alegría poder ser parte de una historia tan importante para mi infancia. Lo primero que se me vino a la cabeza fue el recuerdo de ver la película junto a mi abuela.

¿Qué cuentos o dibujos te gustaban de pequeña?

Leía historietas y amaba los libros pop-up, esos que abrís las páginas y tienen dibujos en tres dimensiones. Los miraba todos los días como si fueran a cambiar de estado. Siempre sentía que había algo nuevo por ver. Y, desde ya, adoraba los libros para colorear.

¿Qué desafíos te gustaría tener en tu profesión a futuro?

Un gran desafío es no perder la fantasía. Que nunca se agote la felicidad de tomar un lápiz y crear mundos.

#MeGusta Jorge Carema, un artista paraguayo, indígena y guaraní, muy recomendable. Aprendió el dibujo en forma autodidacta. Geraldy, Marie Thérèse, una artista francesa que me deslumbró, cuando vi su cuadro “Tatiana Zubov” me quede sin palabras. Los collages de Klaus Voormann.

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