Las obras de Graziano atraviesan, cruzan y rompen. Con el día a día, con la estática y el imprevisto cotidiano que acecha a todos los seres humanos. Este artista italiano que divide sus días entre Londres y Milán, cosecha un diálogo incansable con los azulejos. Observa más allá del presente, y provoca la emergencia de lo callado para desnudarlo en un desgarro sumamente atractivo. Conocelo en esta nota.

 

¿Qué es lo que te llama la atención de “lo roto”?

La imperfección, lo fortuito, el drama. Estoy fascinado con la metamorfosis de los materiales heridos, quebrados. Especialmente cuando, ya transformados, mantienen exactamente el mismo peso, la misma dimensión.

¿Qué querés expresar a través de esta técnica?

En general tiendo a sentirme atraído por aquello que da cierta sensación de frialdad u oscuridad. De alguna manera, creo que me encuentro desafiando la aleatoriedad, el azar. Una de las maneras de hacerlo es simulándolo.

¿Cuál considerás que es el mayor aprendizaje en tu carrera?

Haber escuchado lo que sugiere nuestra propia naturaleza.

¿Por qué creás figuras emergiendo de los muros?

Creo que son como la metáfora de un espacio que fue deshabitado hasta el abandono. Pienso que es una manera de recrear los recuerdos impregnados en el muro, para volver a darle vida y fuerza en el afuera. Me gusta trabajar con azulejos porque quiero hacer presente la atmósfera de la cotidianeidad.

¿Qué viene primero, el armado de la pared o el diseño de la figura que emerge?

En general planifico mi idea, y luego la plasmo toda junta. Pero hay veces que para lograr eso necesito invertir los procesos y elijo trabajar en una superficie que ya tenga preparada para romper.  

#MeGusta Aquellos artistas que son felices expresando sus ideas en pocos materiales. Últimamente me gusta mucho la obra de Jim Lambie.

 

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