Si te decimos que Pedro Perelman estudió diseño gráfico, ves su obra y tiene lógica. Pero su propuesta trasciende lo estético para profundizar las líneas y hacerlas doblar. Sus murales son Argentina. Y, como buen miembro de FASE (el colectivo de artistas que se formó a partir de la crisis del 2000), ninguna de sus pinturas le escapa a la mirada realista, cotidiana y vital de lo social. Colores plenos, diseño y mucha pasión. Un hombre artista que abraza sus sueños sin dejar de ver el camino histórico recorrido.

Una vez dijiste que tu orientación artística la heredaste de tu papá. ¿Qué recuerdos te unen a él?

Mi papá es escritor y actor. Publicó varias cosas a través de Losada, y siempre contó con colaboraciones plásticas de sus amigos artistas: Berni, Alonso, Macció, Nigro. A partir de esos vínculos, de chiquito pasaba mucho tiempo en ateliers mirando y observando todo lo que podía. El incentivo fue dado de una forma muy natural, y mi búsqueda fue bastante autodidacta. Siempre recordaré que cuando tenía 5 o 6 años, le hice un retrato a mi viejo – después haber estado sin verlo por varios meses por una gira de teatro en Europa-. Creo que fue lo más interesante que pinté hasta el momento. Además, tenía más técnica que ahora.

¿Qué es lo que más te intriga del origen de las cosas?

Siempre fui una persona curiosa. Creo que, como en los niños, mi pregunta siempre es “¿por qué?”. Y en cuanto a lo étnico, me interesa comprender los orígenes, la genética, y algunas herencias que quizás sean más metafísicas y ayudan a relacionarse mejor con las personas. Las culturas antiguas siempre me llamaron la atención porque, con otras herramientas – y muchísimas menos que ahora- , llevaban a cabo ingenierías increíbles, construcciones, empresas. Eso me lleva a preguntarme cómo hemos evolucionado a nivel humano, y veo que en muchas cosas no evolucionamos en paralelo a eso.

¿Podemos decir que en tu obra es una mixtura entre lo étnico y lo cotidiano?

En general mi trabajo refiere específicamente a lo cotidiano. Y quizá suele estar vinculado a determinadas situaciones laborales y, desde lo étnico, a una búsqueda de los orígenes de cada individuo. Me nutro tanto de lo histórico como de lo contemporáneo, y no solo en términos estéticos sino también en la inspiración. Hay mucho del universo folk que quizás viene de la música y de ciertos paisajes y climas que me atraen desde chico.

Actualmente los muralistas tienen mayor repercusión y apoyo de parte del Gobierno y también de sponsors. ¿Te parece que este tipo de acciones hace se pierda la espontaneidad  o la adrenalina que tiene pintar un mural?

Yo creo que siempre es bienvenida la ayuda cuando uno ama lo que hace. Pero también influye cuánto se involucra ese sponsor en tu obra. De todos modos, creo que todos siempre podemos decir que no. Me parece que la legitimación del movimiento es positiva desde todo punto de vista. Hay mucha gente viviendo de esto y me parece muy bueno. En mi caso particular, nunca pierdo la adrenalina de pintar, porque es lo que me gusta hacer y valoro la posibilidad de tener un planeamiento sobre los murales, tener mis tiempos y medios como para hacerlo de la mejor manera posible.

¿Qué te depara el 2017?

Tengo varios proyectos en mente, pero aún estoy armando el año. Planeo alguna muestra en Buenos Aires y quizá una residencia en San Pablo. También hay en vista algunos viajes con @rutademurales por el interior del país. Pero todo está en proceso de desarrollo.

#5ClásicosFundamentales: Alonso, Santoro, Basquiat, Bruegel y Freud.

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