Entrevistas

Andrew Weatherall, la leyenda

Texto: Vidal Romero
Foto: Philippe Levy, Lucie Zorzopian


Entrevisté a Andrew Weatherall el año 2004, tras la publicación del cuarto disco de Two Lone Swordmen, “From The Double Gone Chapel”. Me contó entonces que había decidido “aparcar la electrónica intelectual, porque echaba de menos la calidez de otras músicas como el rockabilly”. Si aquello lo hubiera dicho cualquier otra persona, habría pensado que me estaban tomando el pelo.

Andrew Weatherall tenía una capacidad innata para convencerte de que cualquier tipo de música merecía la pena, de que los géneros y estilos eran convenciones que había que tratar con ligereza, porque la recompensa era demasiado elevada como para perder el tiempo en cuestiones sectarias.

Más tarde reconocería que aquel disco era un homenaje a su primera juventud. A esa época, de finales de los setenta, en la que recorría las tiendas de su Windsor natal comprando singles de punk y post-punk, coleccionando referencias de Factory Records, que luego pinchaba para sus amigos en fiestas improvisadas.

Andrew Weatherall murió el 17 de febrero, a consecuencia de una embolia pulmonar. Tenía solo 56 años, y eso añade una pátina de tristeza a su marcha, porque ha sucedido demasiado pronto. Ahora que ha desaparecido, es fácil encontrar en periódicos y revistas especializadas todo tipo de historias acerca de su calidad humana y de cómo cimentó su leyenda en los primeros tiempos del acid house.

En aquella época pinchaba en el club Shoom, publicaba fanzines como Boy’s Own y aprendía los secretos de la producción, primero firmando remezclas para bandas como Happy Mondays, y luego ocupando el papel de productor en el influyente “Screamadelica” (1991) de Primal Scream, ese disco que consiguió que indies y raveros se abrazaran en una armonía teñida de química, y que el verano del amor se colara en las listas de éxitos.

Andrew Weatherall, mucho más que una reliquia del pasado

Pero la historia de Weatherall no se reduce a una serie de conexiones y discos realizados hace treinta años. La suya fue una carrera de larga distancia, punteada por cientos de discos y temas propios (en solitario, o con proyectos compartidos como Sabres Of Paradise o los citados Two Lone Swordmen), remezclas y producciones para otras bandas.

Campos en los que brillaba con una luz propia gracias a una sensibilidad y una capacidad de observación privilegiadas. Virtudes que le permitían sobreponerse a unas habilidades técnicas ajustadas, consecuencia de su condición de autodidacta.

Estas capacidades estallaban en todo su esplendor durante sus sesiones como DJ. Era ahí cuando demostraba la grandeza de su amor por la música y los discos. Por toda la música y los discos. Escucharlo pinchar era como sumergirse en un viaje por el tiempo y el espacio, en el que se podían mezclar techno con post-punk, rockabilly con acid house, krautrock con dub y música africana.

Como explicó en una entrevista para The Guardian, hace un par de años, la suya era una vocación “vampírica»«Nunca vas a volver a tener la sensación de escuchar ese disco que tanto amas por primera vez, pero si miras a los ojos de alguien que lo está escuchando por primera vez, la sensación es muy reconfortante”.

Una falta de prejuicios y de empatía que le impidió subirse a ese carro de Stadium DJs en el que terminaron compañeros de generación como Fatboy Slim o Chemical Brothers.

“¿DJs actuando como héroes? ¿En serio la gente está así de desesperada? Sé que el público necesita héroes, pero esto es ridículo. Fue una gran tentación, porque había mucho dinero en juego y diversiones de todo tipo al alcance de la mano. Pero al final, más que un gran gesto anti comercial, se trataba de que adoro la música pop y de que no quiero condenar a mi público. Puedes decir que tenía falta de ambición, pero era feliz con la vida que llevaba, y lo sigo siendo. Cuando tu afición se convierte en una carrera, y la carrera se convierte en un negocio, todo empieza a resultar fatigoso y cansino. Y te obliga a tener contacto con gente a la que no quieres conocer”.

(vía)

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Neka / nicoigot

en este día y cada día.

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