Como una computadora que no funciona o una interferencia que desvaría la imagen de la pantalla, las obras de Mateo Amaral parten del pixel y el sonido. Como un sueño de colores mezclados pero imposibles de unificar, este artista marplatense navega el inconsciente humano de la manera más psicodélica posible. Narra submundos, y propicia el juego intersticial de la mente para borrar los límites que acoten su libertad. Te invitamos a que atravieses el monitor y te sumerjas en su obra.

¿Por qué decidís trabajar audiovisualmente con lo neuronal?

La experiencia psicodélica de autores como Philip K. Dick, Alan Watts, Robert Anton Wilson, John C. Lilly y Terence Mckenna, me ayudaron a ver que la realidad es una construcción constante de nuestra mente. Ese proceso es continuo, sucede todo el tiempo, como un programa de computadora corriendo y, a la vez, tenemos la capacidad de modificarlo. Para mí, lo audiovisual simula nuestras construcciones mentales y tiene la capacidad de trabajar sobre esos procesos. La producción de imágenes y sonidos tuvo esa función desde el principio de la cultura humana.

¿Separás el ritmo y el movimiento musical del arte tradicional?

Siento que una división entre las artes plásticas, el cine, la música o lo que sea, sería muy forzada. Lo entiendo como una necesidad clasificatoria. Para mí es una gran unidad, sólo que funciona como los sentidos. Aunque sea la misma información, la codifican de distinta manera en nuestros ojos u oídos. No escuchamos un mundo pero vemos otro.

Decís que tu banda, Hipnoflautas, es de “punk intelectual con tendencias mántricas”. ¿Qué sensaciones querés transmitir con ese concepto?

Esa descripción surgió casi en chiste. Queríamos generar un estado de trance en el público, y ahí nacieron las “tendencias matricarias”. De intelectual no tenía nada. Si bien la banda está en un descanso, deseo generar esos estados tanto en las muestras de arte, como en mis performances en vivo. Mi sueño es poder generar un entorno donde, tanto el público como yo, podamos acceder a una meta-programación en la que podamos decidir cómo vamos a construir nuestra propia realidad.

Estás presentando Simplificar el pantano en Espacio Pla. ¿Qué expresa esta serie que no hay en otros de tus trabajos?

En esta muestra, trabajé específicamente en el proceso por el cual nuestro cerebro simplifica la información que nos llega a través de los sentidos. No la podemos procesar toda a la vez. Inconscientemente elegimos a qué prestarle atención y a qué no. A lo ignorado lo llamamos ruido, y a lo otro información. Esa es nuestra manera de construir nuestros modelos y mapas del mundo.

¿Cuál fue tu mayor descubrimiento en esta investigación sobre el sonido y lo inconsciente?

Que el cerebro es una computadora que funciona con programas, y que tanto el sonido como las imágenes son una manera de configurarla.

 

#MeGusta Takeshi Murata, Demdike Stare, Merzbow, Geoff Lillemon

 

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