El último proyecto fotográfico del español Andrés Gallardo (previamente) surgió por accidente, un día en el que se perdió en las calles de Seúl y el destino lo llevó al patio desierto de una escuela primaria local.

“Me fascinaron sus tonos pastel, sus árboles prolijamente podados, la simetría y sus símbolos… los relojes, la bandera nacional y el alfabeto” cuenta el fotógrafo.

Antes de viajar había hecho una prolija lista de todos los lugares que quería visitar, pero nunca se le había ocurrido incluir las escuelas. Ahora, este proyecto fortuito resultó su favorito, algo casi salido de una película de Wes Anderson

 

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