Fotografía

Dust por Nadav Kander

En la última serie de fotografías de Nadav Kander, titulada ‘Dust’, desentierra una distopía que apenas respira de ciudades desconocidas que bordean la frontera de Kazajstán. A propósito se ocultó y luego se destruyó a raíz de la guerra fría, los restos escultóricos de escombros y escombros de las ciudades se escuchan entre rastros de radiación y toxicidad. A pesar de los reclamos de desolación de las ciudades mientras se llevaban a cabo las pruebas nucleares, sus civiles quedaron envenenados y sus paisajes fueron despojados. Aunque la guerra fue nombrada «fría» debido a la separación de sus superpoderes que nunca alcanzaron el clímax de una guerra nuclear en toda regla, aquí todavía se pueden ver las cicatrices de detonaciones secretas.

Haciendo eco de estos medios estados de destrucción, están las fotografías anteriores de Kander del río Yangtze. Filmados entre 2006 y 2008, capturan un momento en que la tardía toma del capitalismo en China vio que los edificios se construyeron de manera cruel sin importar lo que sucedió antes. Al igual que en ‘Dust’, las imágenes de vastos paisajes en un estado de sueño con tonos apagados y luz espectral, insinúan la contaminación que está causando estragos en la tierra y su gente. Con 1 de cada 18 personas en la tierra que viven a lo largo del río Yangtze, absorbe la mitad de las aguas residuales de China, y el avance feroz del progreso lo está muriendo.

Lo que ambas series de fotografías aluden es la susceptibilidad del ciudadano y su paisaje a la potencia del poder gubernamental. Esto se ve en la escala épica de los remanentes hechos por el hombre en decadencia y, a veces, los diminutos humanos junto a ellos. Estas figuras solitarias aún permanecen en pie, ya sea que el ser humano o la estructura estén en silencio, pero hablan de un estallido de erradicación que alguna vez estuvo o está a punto de ser.

Y sin embargo, hay belleza en su vulnerabilidad. En Polygon Nuclear Test Site I, una obsidiana oblonga veteada con blanco, imita un monumento de la prehistoria como «un niño que se queda solo en el frío». En la provincia II de Qinghai, un puente cae tristemente en el barro rojo de la sangre del río, desnudo de personas. Con el tiempo, estas estructuras y sus paisajes se han ido convirtiendo en uno a otro a pesar del caos séptico que los rodea. Son estas fotografías las que, según Kander, son una «huella del hombre», «huellas humanas que nos pueden decir más sobre nosotros mismos que nosotros mismos».

(vía) Texto por Shana Chandra.

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