El mundo bajo la lente analógica de Eme Carranza

El mundo bajo la lente analógica de Eme Carranza

Eme Carranza es la responsable de los espacios gastronómicos más llamativos y fotografiables de Buenos Aires: Niño Gordo, Tora, Las Patriotas, El Preferido de Palermo y el más reciente y excéntrico, La Uat Bar, aunque podría llevarse el Oscar por su exceso de energía, su creatividad interminable y su habilidad para jugar con los sentidos a la hora de diseñar un ambiente. Es multifacética (de profesión es diseñadora gráfica, pero también es ambientadora, interiorista y directora de arte), amante del cine y se nutre de la experiencia y la energía de quien la rodea para hacer los proyectos avanzar.

La realidad es que no importa a donde vayas, entrar a un espacio creado por ella automáticamente te hace sentir distinto. Distinto porque no sabes qué es, si la luz, los artefactos de decoración, los colores o los olores que te hacen acordar a algo, pero hay algo en el aire que hace que no estés realmente ahí, sino en una parrilla en Asia, por ejemplo, comiendo un tataki en el medio de un salón nipón.

Sus creaciones no suelen seguir una línea recta. No tienen un sello marcado ni elementos que se repiten de un lugar a otro. Y si bien se inspira en el cine para todo lo que hace, tampoco estila una dirección de arte clara a lo Wes Anderson. Todo lo contrario: los locales que crea se caracterizan por tener una identidad atípica y todopoderosa, que se adueña del entorno e hipnotizan a quien se deja llevar.

Una mirada analógica y una obsesión por jugar con los sentidos la llevan también a mirar la gastronomía desde un lugar distinto. Establece que ésta está atravesada por dos líneas principales, la propuesta culinaria y el espacio físico y que es necesario trazar un tercer eje, la profundidad, para hacer de una propuesta algo magnífico. Se trata de poder generar una conexión entre el espacio y la comida y cómo eso sugestiona al comensal. Centrarse en crear un clima, un contexto, para que sus espacios estén realmente vivos. 

“Algo del juego que proponemos, que no es un espacio necesariamente lindo (porque la belleza de lo que hacemos es completamente subjetiva), implica generar un universo al cual se sumergir… La idea es exaltar los sentidos para que la experiencia culinaria esté completamente potenciada y que la capacidad de uno de retener esa experiencia sea mucho más alta”, cuenta.

Todo proyecto empieza por alguien que la contacta con una idea de concepto gastronómico, un guión madre que no es suyo  y que tiene como premisa inicial que va a suceder en la cocina: qué se va a cocinar, quién es el chef, en qué consiste el restaurant a nivel operativo, etc. De ahí se embarca en un proceso de investigación que funciona casi como un juego de búsqueda. Un juego que ayuda a estimular la creatividad, a buscar elementos que van a servir como excusas para “construir algo” y que van a hacer que todo el espacio hable el mismo idioma. Pueden ser ideas, palabras, historias, personajes. Las posibilidades son infinitas.

“Con Cacho Rotisería por ejemplo, el concepto salió del tío de Seba Atienza que se llama Cacho y es un personaje total. Cuando decís Cacho, es la persona que está en tu imaginario, super porteño. Partimos de esa premisa para trabajar y después fuimos armando el imaginario colectivo de lo que implica una rotisería porteña”. La Uat (el bar escondido detrás de la rotisería), se pensó siguiendo esa misma línea de personaje: “si este ser existiese y fuera a bailar, a donde iría? A la boite (discoteca en francés, pronunciado como UAT). U.A.T: Asociación Argentina de Trabajadores”. Voilà.

También afirma que las propuestas no están pensadas para que el espacio sea instragrameable, pero sí para que tengan un gran impacto visual (con muchas intervenciones gráficas, propio de su formación gráfica). Indica que en casos como el de Niño Gordo, fue casi accidental que circulara con tal viralidad en las redes. “Fue un fenómeno que entendimos a medida que veíamos cómo la gente se comportaba en el espacio. Los espacios están vivos y la gente es muy distinta, no siempre pasa. Todo es muy relativo.”

Hoy, está a la cabeza de un estudio que lleva su nombre y que lo integran seis personas a quienes considera su familia, entre quienes se encuentran su hermana, una amiga entrañable y su mejor amigo (más una decena de proveedores con quienes trabaja constantemente y que considera de suma confianza). Acaba de saltar a la pileta con La Uat Bar, el primer proyecto con el cual el estudio no sólo su aportó su trabajo, sino que está directamente asociado (y que está siendo un éxito absoluto) y tiene la cabeza ocupada con dos proyectos muy grandes en Buenos Aires, la remodelación de la antigua fábrica de Quilmes y la creación de un Centro Cultural en la ex estación 3 de Febrero.

Indica que en cierto sentido, Buenos Aires ya lo siente como un lugar de comodidad.  Después de haber trabajado ya con los mejores gastronómicos (entre ellos Tato Giovannoni, los chicos de 3 Monos y Juan José Ortiz),  le tienta salir fuera, conocer nuevos mercados, nuevas cocinas y nuevos métodos de trabajo. “El seguir creciendo es una cuestión de curiosidad”, afirma.

De todos modos, si bien la limitante de no poder crecer geográficamente le generó un cambio de proyección de lo que tenía planeado para este último año, le sirvió también para reinventarse y volar. Ahora, además de los servicios de diseño integral y el branding para locales que ofrece el estudio, diseña y produce sus propios muebles para la venta.

“Uno va surfeando la ola dependiendo de cómo está la marea. Lo condicionante de nuestro contexto es también lo que permite que nuestra creatividad se dispare de maneras muy locas. Vemos la deformidad como algo hermoso”.

Eme (proveniente de Emilia) se mantiene abierta y dice que la clave está en conectar con lo que está pasando, ser permeable y aprender. Perderse en el proceso, dejar que el resultado la sorprenda y rodearse de gente que la nutra, es lo que hace el éxito de su gran obra de arte.

Una directora de arte terrenal, autodidacta, intuitiva, de una curiosidad infinita. Se lleva el Oscar por ser brillante en dejar su imaginación jugar y divertirse haciendo lo que le más le gusta.


Sobre emecarranza.studio

Somos un estudio de diseño de espacios y desarrollo de marcas con base en Buenos Aires, Argentina desde el año 2016. Nuestro objetivo es aportar una tercera dimensión a los locales que armamos: la experiencia. Para lograrlo damos un servicio integral desarrollando un concepto que luego atraviesa todas las aristas de un proyecto. Desde el naming y la identidad gráfica, pasando por el layout del espacio y su interiorismo hasta la vajilla y los uniformes. Creemos que en la sinergia de todas los elementos que conforman a un local se encuentra la potencia y la pureza comunicacional. Participamos de todas las etapas del proceso, desde el diseño hasta la ejecución. No somos artistas somos diseñadores trabajamos brindando soluciones a comitentes reales.
Diseñamos nuestras propias estampas y mobiliario para brindar un servicio único y personalizado. Creemos en el oficio y en ensuciarnos las manos. Somos lo que hacemos y amamos lo que somos.

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on telegram

También puede interesarte...

Minimal by David Burdeny

El fotógrafo canadiense David Burdeny ha viajado por todo el mundo retratando estos paisajes minimalistas, sus fotos tienen un gran impacto visual y sus composiciones poseen mucha armonía.

Seguir leyendo »
Vuelve al inicio