J Space. Daga Architects proponen un interiorismo futurista para este coworking en Pekín

J Space. Daga Architects proponen un interiorismo futurista para este coworking en Pekín

Daga Architects proponen un interiorismo futurista que rompe cualquier vínculo con el exterior del ámbito laboral. Su propuesta  busca obtener mediante la arquitectura escenas disruptivas que favorezcan esta desconexión.

Más allá de un interiorismo futurista

Las piedras pesan, por la mañana hay claridad, comemos alimentos, los árboles crecen en el suelo, envejecemos con los años, dormimos por la noche. Existen determinados fenómenos tan propios del comportamiento humano que renunciar a ellos supone entrar directamente en la distopía. Lo más aterrador de este tipo de ficciones es calcular la posibilidad de que puedan suceder o peor, darnos cuenta en esos cálculos de que la realidad se ha vuelto a adelantar a nuestra fantasía.

La arquitectura ha utilizado las antiutopías como herramienta para imaginar situaciones con las que elaborar nuevas respuestas. La diferencia es que los dibujos o los planos —frente a un relato— adquieren una dimensión mucho más tangible, y el discurso se vuelve tan espeluznante como las cárceles de Piranesi, el plan de Le Corbusier para París o el Benidorm de MVRDV.

Lo que Daga Architects ha ideado en J space —un coworking para profesionales con jornadas interminables en el distrito noreste de la ciudad de Pekín— se sumerge en una materialidad honesta, con cierta dosis de brutalidad distópica. Si la tendencia en el diseño de los espacios de trabajo —especialmente en la era poscovid— avanza hacia lugares más amables, desde el estudio chino proponen un interiorismo futurista que rompe cualquier vínculo con el exterior del ámbito laboral.

Escenas disruptivas para desconectar

Este interiorismo futurista busca obtener mediante la arquitectura escenas disruptivas que favorezcan esta desconexión. El gran patio central dirige la atención hacia lo que hay dentro para que las miradas no escapen hacia fuera, los acabados brillantes y la estética industrial de instalaciones vistas ayudan a que nos sintamos en una nave nodriza; pero es el uso de la vegetación lo que aporta el desconcierto necesario para que el experimento funcione.

El verde no surge con un orden lógico: brota alterado, lejos de cómo solemos percibirlo, sobre paramentos verticales o agarrado a rocas flotantes. Más que un elemento ornamental, parece una criatura de laboratorio.

La intervención de Daga Architects se sirve de todos los recursos de la ciencia ficción: robots, plantas alienígenas o piedras ingrávidas para originar un ambiente aterradoramente real. La pesadilla de la oficina futurista en la que podemos imaginarnos sin esfuerzo encerrados de por vida.

(vía)

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