El mundo de Michelle Kingdom se trama con hilos y agujas. Amante de la historia del arte, garabateó todas las técnicas posibles hasta llegar a una muy delicada y específica: el bordado. Cuando muchos creían que era algo de abuelos, hoy es un boom del arte textil. Las obras de esta artista de California no son sólo bonitos trazos, sino pensamientos y abstracciones que se conjugan en la magia de la puntada. Aquí, cinco preguntas para entrelazarnos con su obra.

¿Qué tratás de transmitir con esta técnica?

Pasé mi infancia entre hilos y agujas, pero soy una bordadora autodidacta. Si bien estudié artes plásticas en la universidad, sentía que no encontraba mi lugar en el mundo del arte “verdadero”. Siempre estuve muy interesada en lo textil, hasta que un día me decidí y comencé a dibujar con hilos. Durante muchos años fue una manera muy personal y privada de expresión y experimentación. Mostrar mis trabajos no era algo en el marco de mis preocupaciones. El bordado tiene cierto nivel de intimidad que se combina con una belleza extraña y, de alguna manera, me dio a entender que era la técnica perfecta para indagar introspectivamente la mente.

En tu sitio web decís que tu obra explora pensamientos que quedan sin ser dichos. ¿Creés que callamos más pensamientos de los que expresamos?

Mi obra trata de explorar ciertos paisajes psicológicos. Creo que es un elemento importante de nuestra identidad y cómo percibimos el mundo. Todos tenemos nuestros diálogos internos y, si bien no puedo decir un porcentaje de cuánto ser verbaliza o no, estoy segura de que ambos mundos se enriquecen de sueños, miedos, esperanzas y preocupaciones, entre tantas otras cosas. Somos como un iceberg, vemos o exponemos sólo una pequeña fracción de la verdadera profundidad de lo que somos.

¿Cómo conectas ese mundo con el bordado?

El bordado tiene una característica que me atrae hace varios años, y es que posee una delicada y compleja vulnerabilidad. Siento que las metáforas de cada historia pueden componerse enteramente con hilos, y expresan mis sentimientos de un modo que ni el dibujo ni la pintura logran. No me considero una “pintora en hilos”. No trato de bordar imitando otros medios porque, si bien conozco las técnicas tradicionales, prefiero dar puntadas intuitivamente. Mi técnica es un flujo constante que envuelve cada pieza.

Durante el 2014, árboles y bosques fueron la imaginería recurrente de tus trabajos. ¿Qué pretendían significar dentro del concepto de tu obra introspectiva?

Mis trabajos tienen mucho simbolismo, y uso muy seguido imágenes con árboles, follajes y agua. Los árboles en particular tienen una expresividad que uso para destacar los estados de ánimo, profundizar las emociones y dar una base al concepto desde la composición. Todos estos elementos me fascinan y, honestamente, los podría utilizar aún más pero trato de mantener la mayor variedad posible.

¿Cuál es ese lugar preferido en el que te sentís libre e inspirada?

Amo las montañas y el senderismo. Sierra Nevada y Big Sur, ambas en California, son dos de mis lugares favoritos. La majestuosidad y la belleza de los parques nacionales Sequoias y Redwoods también me inspiran profundamente. Pero, a la hora de hablar de mi trabajo, generalmente doy mis mejores puntadas  en el confort de mi hogar y en soledad. De todos modos, el lugar en el que  siempre me siento más libre es en mi propia cabeza.

#MeGusta Edouard Vuillard, Stanley Spencer, Vincent Van Gogh, Gwen John, Henry Darger y puedo seguir y seguir.  La literatura también es importante en mi trabajo. Hay autores que tratan cuestiones similares como Virginia Woolf, Carson McCullers, Leo Tolstoy, entre otras grandes inspiraciones.

 

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